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El alpinista

  • 7 jul 2016
  • 2 Min. de lectura

Y todo comenzó con tus ojos. Hace tantos años que te vi y te soñé.

Pero nunca te pensé como una realidad, sabía que eras tan mítico y fantástico como un personaje de ficción en una novela romántica, casi perfecto y siempre dejándole a los demás un sabor agridulce al terminar de hablar contigo.

Todas te deseaban, pero ninguna te tenía. Mas que yo, en ocasiones.

Y al oír tu voz, me temblaba todo, aunque yo sabía que para ti era solo esa amiga querida, que necesitabas, de vez en cuando.

Pero me levantaba todos los días con ánimos solo porque sabía que iba a verte, y las horas más tediosas se hacían las más valiosas en mi calendario.

Y cuando no te veía, mi corazón lloraba, en ocasiones.

Si me arreglaba mucho para ti, no te veía, y cuando más desarreglada estaba, me encontrabas cada día, sin falta, como una gran paradoja existencial de la vida. Pero está bien, la belleza es algo tan subjetivo como el tiempo.

Y las horas que te tuve a mi lado fueron preciosas y preciadas.

Recuerdo cada minuto como si las manecillas del reloj se hubiesen detenido cada uno de esos momentos, con tus ojos, tu sonrisa, y tu voz...

No puedo pensar en ti sin escuchar tu voz diciendo mi nombre.

Esa voz tan tuya, que solo tú sabes como hacerla sonar tan especial. Y no es tu tono de voz, sino el conjunto de un todo unitario.

Eres tú. Y no te podría confundir con nadie más en la calle, o alrededor del mundo.

Si algún día los dos estamos en Roma, sabré reconocerte, sentirte, porque tu vibra, es mágica amigo mío. Y si la fuente de Trevi me dejará pedir un deseo, te pediría a ti, a ti en mi mundo.

Dicen que todos los caminos llevan a Roma y nosotros dos nos movemos por todos los caminos del mundo.

Pero temo decirte que hay tantos caminos, que muchas veces tomamos los que nos corresponden, o los mejores para alcanzar nuestro destino, un futuro bien planeado. Pero hoy, solo te pido esto...

De vez en cuando, piérdete en mi dirección.

Sé que cada quién volverá a su camino, en el momento adecuado.

Pero de vez en cuando, perderse es la mejor manera de encontrar el camino correcto, y quién sabe, tal vez en algún punto de la vida, nuestros caminos, nos lleven al mismo destino, y si no, te deseo que recorras el camino más largo.

Ya sabes como pienso yo, un mundo tan hermoso, merece ser disfrutado, visto y saboreado en todas sus dimensiones, sabores y colores.

Y recuerda que si algún día te encuentras en un nuevo camino sin rumbo, seguramente yo ya estuve ahí antes, piensa que hubiera hecho yo. Y lo mismo hago yo en cualquier sitio a donde voy, sé que seguramente, tú ya estuviste ahí antes que yo. Me detengo, pienso un minuto en tus ojos, sonrío y sigo mi camino, agradecida que que alguien allá afuera también comparte el placer de recorrer kilómetros en busca de recuerdos. Como el tuyo, y el mío.

 
 
 

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